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6/26/2009

Génesex


Adán pidió compañía y la tuvo. Eva fue hecha a la medida de su pareja. Era perfecta. Cada centímetro de su piel había sido soñado poco antes.
Podían yacer en cualquier lugar del Paraíso. No sentían vergüenza de su desnudez. Se acercaban para acariciarse, para explorar el cuerpo del otro disfrutando del roce de piel con piel. Si Eva se acercaba con intención de lamer el sexo de Adán el respondía procurando el máximo placer. La penetraba largamente haciendo que el cuerpo de Eva se estremeciera con cada embestida. El Paraíso lo era por eso.
Pero fueron expulsados y todo cambió. Sintieron la necesidad de taparse por si algo no le gustaba al otro. Eva se mostró esquiva por primera vez al ver que se acercaba. Él no se atrevió a tocar su cuerpo. Y ambos se fijaron en que la vejez iba desfigurando con crueldad la perfección.
Recordaban lo que fue cuando coincidían las apetencias. Construían distancias enormes cuando se daban la espalda al tumbarse. Soñaban con algunas cosas que ahora parecían imposibles.
Llegaron Caín y Abel molestando con sus juegos. Parecía estar ya todo hecho. Y el mundo empezó a llamarse mundo.

6/20/2009

Adioses. 1


Apoyó el hombro sobre el tronco del plátano de sombra a la vez que cruzaba la parte baja de las piernas. El pie derecho reposando sobre la puntera, las manos en los bolsillos y el cuello de la gabardina subido. Sabía que tendría que esperar unos minutos. Ella era de las que pensaban que un retraso hace mucho más femenina a una mujer. Las primeras gotas empezaban a caer aunque debajo del árbol el suelo se mantenía seco.
Dos años. Ni un solo beso. Ni una caricia. Sólo su cuerpo contoneándose frente a él, con música de fondo que marcaba el ritmo de una masturbación eterna, que hacía que se estirara gimiendo y pidiendo a gritos que alguien le penetrara con rabia. Dos años. Ni un solo beso. Ni una caricia. Sintió la erección y con la mano derecha se acarició el pene.
Llegó a la hora en punto más treinta minutos. Jersey de cuello vuelto, falda por debajo de las rodillas, botas de piel marrón, el bolso haciendo juego. Perfecta. Caminaron hasta el hotel. 
Antes de abrir la puerta de la habitación cuatrocientos cuatro. Bésame. Ella mira con extrañeza al hombre que mantiene el cuello de su gabardina subido. No, el trato es que nada de tocarnos. Si entramos en esta habitación lo haré, intentaré cualquier cosa. Pues, entonces, no entremos. No dejaría que me pusieras una mano encima nunca jamás. Eso sería jugar a ser marido y mujer. Es lo que somos, dijo él abriendo la puerta y haciendo un gesto con la cabeza para que entrara. He dicho que no. Si quieres follar lo puedes hacer esta noche en casa. Aquí me sentiría como una puta.
Caminaron hasta el lugar en el que se habían encontrado. Ella parecía irritada. Él paró debajo del plátano de sombra y vio como se alejaba la mujer de su vida. Eso pensó.