6/17/2009

Blanco


Siempre me han gustado los maniquís. Los que se pensaron para que parecieran muy humanos son los que menos me atraen. Es mucho más difícil imaginar cosas. Son los blancos, totalmente blancos, los que me permiten inventar historias. Les dibujo cara, les coloreo los pezones o les dibujo lunares imaginarios en la ingle.
He llegado a dormir con alguno. Las primeras veces me costaba un poco por el tacto tan duro de los pechos o las nalgas. Luego aprendí a acomodarme, incluso podía simular estar follando como si lo estuviera haciendo con Marimar. Con ella ya casi no hago nada. Dejo que me la chupe y poco más. Es buena chica, pero no me termina de llenar.
Marimar dice que siempre la tengo dura. Que no ha visto una cosa igual. Lo que no se ha fijado es en que el brazo derecho se está poniendo rígido y los dedos de los pies ya no pueden doblarse ni un milímetro. Al mirarme en el espejo me veo pálido, apenas tengo pelos en las piernas. Los que tengo son blancos. Me veo y me gusto. Cada día más.


6/15/2009

Así no. Nunca más.


Escuchaban música. Contigo aprendí. Él con las piernas apoyadas en la mesa de fumador. Ella leyendo. Un vaso de cerveza vacío. Una taza de té caliente. Jamás había prestado atención a ese tipo de canciones. Ella, sin embargo, sabía de memoria lo que decía.
Con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá esperó a que acabase la canción. Pensó que le gustaría poder besarla en silencio. Rozando los labios para atraer el olor de su boca, sintiendo un aroma que le hizo renunciar a todo años atrás. Un gesto. Queriendo olvidar el lastre del reproche. Ya no importaban esas noches de sexo en las que se podían mezclar movimientos de animal con el amor auténtico. Un beso. Se revolvió en el asiento, bajó las piernas y miró hacia donde estaba ella.
Cerró el libro con cuidado. Resoplando sin hacer ruido y entrecerrando los ojos. No quería pasar por el momento de volver a decir que no era el momento, que no le apetecía. Ya había fingido suficientes orgasmos como para que no le resultara grotesco. Alguna vez, antes de que llegara él, entraba en el baño para ducharse y masturbarse sin permitirse llegar a un final deseado en soledad. Observó como se movía. No quería mirarle a los ojos.
- ¿Me besas, amor?
- No empecemos. Sabes que así no me gusta.
Él se levantó para cambiar la música. Prefirió escuchar canciones viejas. Las que le hacían recordar su juventud, la inocencia perdida. Las que le permitían recordar que una vez fue un tipo que podía sonreír con tan solo verla llegar para buscar un lugar en el que pasar una noche estupenda. Ella volvió a abrir el libro aunque no pudo leer. Tan sólo miraba las páginas pensando en qué momento dejó de ver en él a ese muchacho robusto y simpático al que juró amar hasta la muerte. Estuvo a punto de levantarse y ofrecerse allí mismo sin condiciones. Se imaginaba, tan rápido como podía, apoyando los brazos en la mesa para que sus manos agarraran sus pechos, para que buscaran su sexo, cómo se giraría y se arrodillaría para lamer su pene antes de pedirle que la penetrara. Pero él ya se iba. Le pareció que quería ocultar el rostro. Aunque arrastraba los pies al andar.

6/14/2009

Terapia casera


Tengo mal rollo con las cosas del sexo. Por eso me he inventado una terapia. Imagino como me follo a todas las que me dijeron que no había nada que hacer. En fila, pidiendo a gritos que les eche un polvo que se perdieron hace meses, incluso años. Desnudas, masturbándose como locas, esperando un turno que se les hace insoportable.
De momento no funciona bien. Cada vez que decido comenzar todas se han corrido. Es lo que tiene la timidez.


6/12/2009

Al despertar


Se rozan durante la noche. Él se despierta. Mira el contorno que forma su cuerpo distorsionado por los pliegues de la sábana. Negro sobre una oscuridad que deja adivinar. Quisiera acariciar a la mujer, pero sabe que no debe. Imagina cómo fueron noches pasadas muchos años atrás. Tan sólo se atreve a dejar su mano en el hombro desnudo que asoma. Trata de dormir. Y sólo cuando ella hace un movimiento brusco para separarse lo consigue.

Sueña. Agarra sus pechos mientras la penetra. Casi con violencia. Gemidos. Ella tira de las sábanas y grita su nombre.

Ahora es ella la que toca su hombro. Es hora de levantarse. En el baño. Intenta afeitarse aunque no puede. Apoya las manos en el lavabo y mira al frente. Le parece escuchar un leve gemido de ella. Cómo se mueve en la cama nerviosa.



6/08/2009

Camino del disfrute


Este podría ser un blog como otro cualquiera. Pero no lo es. 
Mr. y Mrs. XXX, Kama y Sutra (autores de todos los textos que leáis) os intentaremos trasladar a ese lugar soñado, ese territorio que no confesaríais conocer jamás.
Alejados de textos facilones de los que está lleno este género, procuraremos hacer buena literatura. Desde la ironía, desde el sexo más explícito o desde la sugerencia del no decir y, si puede ser, desde la inteligencia que se le supone a un buen autor. Si somos capaces, desde todo a la vez.
Y, por qué no, desde la buena música. Buena compañera de viaje para todo lo que hacemos en la vida.
Que la fortuna nos acompañe por siempre jamás a todos.